El Diputado Jorge Gandini tuvo la iniciativa de que la Cámara de Representantes realizará un homenaje al recientemente fallecido ex Primer Ministro de Israel, Shimon Peres (Z’L). Aquí reproducimos el texto de su conceptuoso discurso.
Hace bien la Cámara de Representantes en detener su trabajo habitual y convocar una sesión extraordinaria para recordar la figura de alguien que está asociado a la historia misma del Estado de Israel. Le agradezco a los colegas que se hayan hecho también este tiempo para compartir el homenaje al recuerdo y a los representantes de la colectividad judía y del Estado de Israel que nos acompañan.
Es importante a veces salir de lo cotidiano para mirar lo trascendente, encontrarlo en figuras que han tenido responsabilidad en el devenir de los hechos del mundo. En aquella zona del mundo, tan particular, con tantos conflictos pero tan influyente en la paz no solo de la región, sino también del mundo.
Y para empezar a aproximarnos a su figura de quien hoy recordamos, Shimon Peres, nada mejor que hacerlo por el final, “Por sus frutos los conoceréis…”, nos enseña la Santa Biblia.
El 30 de setiembre pasado en Jerusalem, Tierra Santa, la prédica y el simbolismo de Shimon Peres lograban en su propio funeral, lo que los más destacados gobernantes del mundo no habían conseguido en años, que aquellos dos líderes distantes, el Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y el Presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, estrecharan nuevamente sus manos… y lo hacían ante el féretro de Shimon Peres, en el Cementerio del Monte Herzl, reservado para los Grandes de la Nación, en una Ceremonia que reunió a más de 70 dignatarios de todo el mundo.
En ella, Barack Obama en su mensaje de despedida se dirigía al Líder Palestino para decirle “Su presencia nos demuestra que la tarea de la paz aún no ha concluido”, y recordaba al final, ante el mismo Abbas y el Primer Ministro Netanyahu, una reflexión del propio Shimon Peres… “el pueblo judío no vino a este mundo a dominar a otro pueblo. Estamos en contra de amos y esclavos”.
Su cuerpo descansa ya en una tumba ubicada junto a la de Isaac Rabin, su eterno rival político, su socio en el camino a la paz, símbolos ambos de una Paz aún no alcanzada definitivamente, Rabin símbolo por su trágica muerte a manos de un extremista judío, y Peres con su propia y perseverante historia de vida.
La muerte natural de Peres marca la desaparición del último gigante de una generación irrepetible, que acompañó la creación misma del estado de Israel, desde la lucha por su independencia, la seguridad, el desarrollo, la defensa del Estado y la búsqueda de la paz.
Quizás baste para definirlo una frase que el mismo Shimon Peres pronunció en algún momento… “la grandeza de un hombre se mide por la dimensión de la causa que abraza…”
Decía hace poco Ianai Silberstein: “figuras como Shimon Peres no mueren para ser evaluadas o juzgadas, sino para ser recordadas. Si recordamos a los grandes tiranos de la historia, incluso al punto del revisionismo, los grandes héroes deben ser recordados, más allá del revisionismo. Se lo ganaron a fuerza de obra.”
Yo comparto esta aseveración.
Por eso a Shimon Peres sólo se lo puede recordar con justicia y en toda su dimensión si lo hacemos como proponía el filósofo español Ortega y Gasset, “Shimon Peres y sus circunstancias”.
Nació en un mundo tan cambiante y tan conflictivo que poco después dejó de existir. Como distinto ha sido el mundo una y varias veces desde entonces. Lo hizo en 1923 en Güisnieu, una pequeña aldea de Polonia, que hoy es parte de Bielorrusia.
Emigró a los 11 años con sus padres a Tierra Santa, cuando era la Palestina Británica, antes que existiera Israel y antes que existiera el nazismo, que llegaría a su pueblo natal en 1942 y daría muerte a más de mil judíos (casi un tercio de la población de la aldea), incluyendo a su familia materna, que junto a otros, encerrados murieron quemados en la Sinagoga local.
Estudió en Tel Aviv, militante Sionista desde la primera hora, se incorporó en la Haganá (organización militar y de defensa anterior al Estado de Israel), si bien nunca fue militar; y fue mano derecha se Ben Gurión, fundador del Estado y Primer Primer Ministro de Israel, que proclamó su independencia en mayo de 1948.
Después de ese año Shimon Peres culminó sus estudios universitarios en Estados Unidos y regresó a Israel.
Con 29 años, Ben Gurión lo nombra Ministro de Defensa y se transforma desde allí en el arquitecto de la Defensa del Estado de Israel. Es el responsable de su fortalecimiento, desde su aviación hasta la instalación de Dinoma, el reactor nuclear adquirido a los franceses.
El propio Peres había dicho mucho después… “Construí Dinoma para llegar a Oslo”…, que fue el acuerdo de paz. No fue un pacifista en una zona de conflicto, pero fue un convencido del diálogo y la búsqueda de soluciones negociadas al conflicto.
Desde que comenzó su carrera política en 1950, discípulo de Ben Gurion, en las siguientes seis décadas ocupó todas las posiciones más destacadas que alguien podría ocupar. Fue 48 años miembro de la Knésset, el Parlamento Israelí; 2 veces Primer Ministro y otras 2 Vice-Primer Ministro; 4 veces Ministro de Relaciones Exteriores; fue líder del partido laborista y ocupó los Ministerios de Defensa, Desarrollo, Transporte e Inmigración, entre otros.
Gracias a su enorme prestigio y trayectoria en el 2007 fue electo Presidente de Israel hasta 2014. Fue miembro de 12 gobiernos Israelíes y el 9° Presidente de Israel, un cargo que transformó en los hechos de meramente ceremonial a influyente y relevante.
Desde allí fue uno de los rostros más visibles de Israel en el mundo. Fue visto como el abuelo de la Nación, y desde la Presidencia –quizás recién desde allí-, disfrutó finalmente de la popularidad y reconocimiento que no necesariamente tuvo dentro de Israel durante toda su carrera.
Ocupó todos los cargos posibles, pero nunca fue electo por el voto popular como Primer Ministro. Parecería que definitivamente nadie es profeta en su tierra, y mucho menos en tierra de profetas.
En la suya fue el líder de centro izquierda moderada que perdía elecciones frente a otros líderes más duros como Menagen Beguin o más tarde, Benjamín Netanyahu.
Para el mundo fue un gran negociador que logró importantes acuerdos, incluso con Charles de Gaulle o el arquitecto sutil que, como Ministro de Relaciones Exteriores, logró fraguar en 1993 los Acuerdos de Oslo con los palestinos. En ellos, Israel reconoce por primera vez a la OLP (Organización para la Liberación del Pueblo Palestino) como representante legítima del Pueblo Palestino y la OLP reconoce al Estado de Israel.
Allí se inicia un proceso gradual en que Israel acepta que haya una autonomía árabe palestina en Gaza y luego en los pueblos de Cisjordania.
Shimon Peres fue pasando de ser un hombre clave y duro en la Defensa de Israel hasta los años 70, a ser una pieza clave en la búsqueda del entendimiento y la paz con las naciones árabes. Desempeñó un papel central en las negociaciones, incluso secretas, con la Autoridad Palestina.
De allí quizás venga la resistencia a su personalidad dentro de Israel, por algunos sectores radicalmente contrarios a la negociación con los palestinos.
Yasser Arafat, fundador en los años 50 de Al Fatah, Movimiento para la Liberación de Palestina por la vía Armada y luego líder único de la OLP (lugar que logró conquistar después de desplazar a Egipto), tomó el camino de la negociación, a finales de los años 80 y proclamó un Estado Palestino en Gaza y Cisjordania, reconociendo de hecho y por primera vez al Estado de Israel.
Después de lograr el apoyo y reconocimiento de decenas de países al Estado Palestino en los años 90, condicionado por hechos externos y errores de decisiones propias, Arafat considera las negociaciones para obtener la paz, hasta que en la Casa Blanca, en setiembre del 93, palestinos e israelíes firman los Acuerdos de Oslo.
Isaac Rabin y Yaser Arafat sellan el acuerdo con la mediación del Presidente Clinton y estrecharon sus manos en una foto histórica que conoció el mundo entero.
Detrás de todo este largo y trabajoso proceso estuvo la visión y perseverancia de Shimon Peres, tan reconocida que los Acuerdos de Oslo le valieron a sus tres protagonistas el Premio Nobel de la Paz en el año siguiente. No por el logro, la paz aún espera, sino por la valentía y decisión, quizás la transgresión; por la motivación y el compromiso para buscarla y obtenerla, más allá de costos e incomprensiones internas.
Porque a veces parecería que, en definitiva, la paz sólo puede ser el resultado de una lucha permanente.
Al año siguiente, en 1994, caía asesinado Isaac Rabin a manos de un extremista judío contrario a los acuerdos con Palestina que logró radicalizar los ánimos y fue el comienzo del desmoronamiento del proceso de paz que se había iniciado.
Más allá de este relato, no sería justo con Israel, ni con el propio Shimon Peres si sólo lo recordáramos y valoráramos por su enorme relevancia y papel en los momentos más cruciales de toda la vida política de ese Estado.
Los avatares de su propia vida política, repletos de éxitos pero también de fracasos, algunos humillantes; más notorios los fracasos que reconocidos los éxitos; éstos junto con su militancia política, hacen honor a la vida democrática del Estado de Israel.
Un régimen de excepción en esa zona del mundo. Un Estado y un pueblo que vive en libertad, pluralismo político y de todo tipo, y con un sistema de Gobierno Parlamentario que ha logrado sostenerse sin quiebres ni excepciones a lo largo de toda su vida independiente y a pesar de todos los conflictos y situaciones límites por las que les ha tocado pasar. Se han armado, desarmado y vuelto a armar gobierno sin mayorías.
En casi 70 extensos y al mismo tiempo brevísimos años, para un pueblo de casi 6.000 años de existencia perseverante y esperanzada.
Como todos los grandes líderes, nunca paró de luchar por sus ideales y convicciones. Y para los verdaderos grandes líderes, siempre hay un lugar para luchar por ellos… y si no los hay, se inventan.
Dicen que la resignación, nunca fue una opción para Shimon Peres. Murió a los 93 años sin ver concretada la paz definitiva entre Israel y los países árabes. Sin embargo murió peleando por ello y procurando continuar construyéndola todos los días.
En la ciudad de Yafo, localidad con minoría árabe, sobre el Mediterráneo, al sur de Tel Aviv, se erige el Centro Peres por la Paz, que promueve programas de acercamiento y diálogo entre niños y jóvenes judíos y árabes, con el fin de acercar culturas, construir confianza y concientizar sobre la importancia de vivir en paz y con respeto, y sobre todo demostrando que eso es posible.
Desde este Centro y con su activa agenda pública, nacional e internacional, a pesar de su avanzada edad, intentó acercar a palestinos e israelíes, y explicó a todos quienes quisieran oírlo, las conveniencias de vivir en paz, cooperar y aprender unos de otros, en lugar de optar por la violencia.
En alguna oportunidad, dijo “los palestinos son los vecinos más cercanos de Israel, y creo que podrían convertirse en nuestros amigos más cercanos.”
Aún parece distante el sueño y aún hoy existen quienes lo pierden de sólo pensar que podría hacerse realidad. Porque Shimon Peres nos legó el valor de los sueños como motivación, pero también su carácter de hombre de acción que demostró durante toda su vida. Supo decir, “los sueños se sueñan de noche, de día se concretan.”
Esos son los hombres que cambian las cosas en el mundo, los que son capaces de soñar y tienen la voluntad y la actitud de trabajar para concretarlos. Y si es cierto que la vida es actitud, la suya lo demuestra.
Siempre activo en las redes sociales, con miles de “Me Gusta” en su Facebook, poseedor de un record Guiness por haber dado la clase por internet con mayor existencia registrada, comprometido con la innovación y las nuevas tecnologías aplicadas a las ciencias, la salud, la producción y el progreso; ávido lector, conocedor de culturas y convencido que el conocimiento acerca y rompe fronteras.
Aseguró alguna vez que su mejor consejo a los jóvenes era que leyeran tres libros por semana, uno de historia, otro de bella literatura y un tercero sobre tecnología e innovación. Recordaba su hija en su funeral, que cada vez que su padre le prestaba un libro, la observaba desconcertado, sin poder entender, cuando al día siguiente ella aún no lo había leído.
Para él, los logros de Israel eran producto de su capital humano.
Insistía en que no tiene sentido perder el tiempo con cosas que ya no se pueden solucionar, era un pragmático, y que lo clave es mirar siempre hacia adelante, motivado por la justicia de las luchas por librar.
Y esto ya con avanzada edad, un interminable. Todo le interesaba. Curioso como un niño. Anoche me comentaba Gustavo Penadés que cuando lo conoció le habló maravillas del puerto de Punta del Este, lo conocía también.
Mensaje de la Embajada de Israel
Llegó a nuestra casilla de correo un mensaje que quiero aprovechar para leer. Es un mensaje de la Embajada de Israel en Uruguay con motivo de esta sesión. Y dice:
“La Embajada de Israel está profundamente emocionada por esta sesión extraordinaria en honor a nuestro querido Shimon Peres, y por vuestra presencia aquí, que honra su memoria. Este año fue un año de gran acercamiento entre ambos parlamentos, y esperamos que esto continúe, como un ejemplo más de la gran amistad entre nuestros países.
Shimon Peres fue uno de los padres fundadores del Estado de Israel, al cual sirvió toda su vida, en los puestos más altos y en los momentos más cruciales. Todos los israelíes le debemos a Shimon mucho de lo que es Israel hoy: un país democrático, prospero, moderno.
Pero Shimon Peres fue, además, un pensador e innovador incansable, preocupado hasta el último de sus días por el futuro, no solo de su país, sino del mundo en que vivimos. Esta actitud sincera le valió el respeto y la admiración de la comunidad internacional.
Todos los que tuvimos la fortuna de oírlo hablar, sabemos que era un orador único, y esta característica la mantuvo hasta el último de sus días.
Es por eso que en esta hermosa ocasión quisiéramos compartir con ustedes un pequeño fragmento de lo que sería su último discurso, con motivo de la inauguración del nuevo centro de innovación en Israel, dos meses antes de su muerte.
Así dijo Shimon Peres el 21 de julio del 2016, en su último discurso:
“El Centro de Innovación que se establecerá aquí, mostrará nuestro orgullo nacional y promoverá la paz entre las personas. Exhibirá los inventos ya creados, así como aquellos que todavía no se han desarrollado, en campos como la ciencia, tecnología, medicina y cuidado de la salud, agricultura e industria.
Demostrará que la innovación no tiene límites ni barreras. La innovación permite el diálogo entre las naciones y entre las personas.
Aquí destacaremos que podemos promover la paz desde la infancia, y despertaremos la imaginación de cada niño y niña impulsando sus sueños.
Estimados amigos,
Dicen que soy un soñador.
Pero hoy todos podemos ver claramente que cuanto más grande es el sueño, más espectaculares son los resultados.
¿Quién hubiese creído que el mundo entero utilizaría un software de navegación israelí en su vida diaria?
¿Quién hubiese creído que esta tierra terca e infértil iba a producir una abundancia de frutas y verduras frescas, y que Israel tendría autosuficiencia en agua?
¿Quién hubiese creído que millones de personas utilizarían un stent de desarrollo israelí implantado en las arterias de un corazón dañado permitiendo a los pacientes respirar?
El Centro de Innovación permitirá a todos los jóvenes –judíos, musulmanes y cristianos– a involucrarse con la ciencia y la tecnología por igual, a pesar de que quizás sean diferentes el uno del otro.
La próxima generación llevará la antorcha de la tecnología, así como el peso de la responsabilidad moral. Ya que la tecnología sin responsabilidad moral puede destruir el mundo. Pero la moral sin innovación dejará al mundo hambriento.
Nuestra identidad como nación, los diez mandamientos, nos inculcan los valores de perseguir la justicia, buscar la paz y asegurarnos que una y cada una de las personas tenga el derecho de ser diferente.
Es imperativo que utilicemos la innovación por el bien de la economía y la mejora de la sociedad. Por el bien del espíritu humano. Por el bien de curar a los enfermos y fortalecer a los débiles. Por el bien de la paz.
Finalmente, tengo una pequeña solicitud:
Permítanme continuar soñando. Después de todo, Israel no fue un sueño perdido, sino un sueño que se hizo realidad.”
La carta de la embajada nos sigue diciendo:
“Estas fueron las palabras de Shimon Peres en su último discurso. Ojala que sus sueños visionarios de prosperidad y de paz sean un legado para el mundo libre.
La Embajada de Israel agradece nuevamente la invitación a este emotivo acto, saluda a quienes honran hoy con su presencia la memoria de nuestro querido Shimon Peres.”
Y agradece la Señora Embajadora de Israel, Nina Ben-Ami y el Sr. Cónsul, Don Ariel Bercovich. Nosotros le agradecemos este mensaje.
Estos son mensajes que hacen pensar y por eso la necesidad de hacer estos homenajes, de salir de lo cotidiano y poder trascender.
Mis colegas me han escuchado reiterar muchas veces mi reivindicación de la política y de los políticos en su trabajo útil para la prosperidad de los pueblos, para la consolidación permanente que requiere la libertad y la democracia. Y creo que haciéndole un homenaje a Shimon Peres, reivindicamos la política y a los políticos.
Shimon Peres no fue un hombre aceptado pacíficamente por todos, ni siquiera dentro de su país, fue un hombre discutido. Yo creo que un político que no fue discutido en vida, porque la muerte -lo hemos dicho otras veces acá-, es un gran sponsor, y entre la muerte, el tiempo y la distancia se suelen perdonar y olvidar para que queden y afloren las cosas grandes; pero un político que no es discutido por sus acciones en vida, seguramente no ha hecho nada importante.
Aquellos que toman decisiones, aquellos hombres a los que venimos a homenajear aquí, son aquellos fieles a su pensamiento que a lo mejor no son debidamente interpretados por los ciudadanos de su tiempo porque van delante de él y son capaces de liderarlos, son capaces de transformar su tiempo sin medir consecuencias ni costos políticos, esos son los líderes.
Decía Shimon Peres: “es mejor ser controvertido por las razones correctas que popular por las equivocadas.” Esos son los hombres que merecen el homenaje.
Elegir el momento, homenajear su vida, su trayectoria recién después de su vida, la vida como el barco en su singladura, que evita la ola y se desvía pero no cambia ni equivoca el rumbo hacia el destino elegido. Ese que frente a las circunstancias del momento y con aquello que nosotros llamamos cintura, permite el movimiento para esquivar la adversidad pero, a su vez, con la coherencia para volver y retomar el rumbo trascendente sin olvidar el destino elegido originalmente.
A esos hombres, venimos a homenajear, y a este en particular. Por su aporte a la paz, al Estado de Israel, a la democracia y a la política.
Bendito sea su recuerdo.
Zijronó LiBerajá
Gracias Señor Presidente, gracias colegas.
Jorge Gandini: “Con Shimon Peres, se fue el último gigante de una generación irrepetible”
13/Dic/2016